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Por estos días

By June 21, 2018 No Comments

La casa en la que hoy vivo transitoriamente, solía ser un estudio de grabación, en la ciudad estudio. Su piso de madera, estructura sólida, buena altura y materialidad, develan una resonancia que me hace creer, que en este lugar pasaron buenas cosas.

A lo largo de este viaje que hoy cumple 13 días, he podido conectar con diversas emociones, experiencias muchas veces sinestésicas. Los sabores de distintos lugares que se encuentran en esta geografía de palmeras y neón; los olores de las flores, las plantas y las frutas por el espacio público; los colores que estimulan mis ojos a cada paso y milla recorrida, de las casas sus formas y colores, las tiendas con sus fancy productos; la textura del piso del salón de clases, mi mat de yoga, el aire acondicionado, la brisa en las Hollywood Hills, el calor que aumenta; los cantos de pájaros -que no conozco- desde el patio de la casa, los pasitos veloces de las ardillas por el techo, las voces de mis maestras y maestros, las voces de mis compañeras y compañeros, la música interpretada por los pianistas, nuevos amigos, que me acogen en su hogar.

Las clases que tomo me llevan a la cornisa de mi ser, a contemplar mis abismos, acantilados y bahías, todo el océano de mis emociones. Además de toda la experiencia por dentro, viene el encuentro con seres humanos que provienen de India, China, Inglaterra, Alemania, México, Puerto Rico, además de diversos estados de este país. Estamos en un entorno amoroso, en pleno proceso de desestructuración profunda, que se siente también como deconstrucción. Todos los días mutan mis paradigmas, en pequeñas implosiones de colores que hacen hacen que me sienta un poquito más libre, para transitar por este viaje que es la vida. Maestras y maestros, compañeras y compañeros, todos juntos entregados a explorar hacia adentro y nuestro entorno, por el delicado proceso que significa la luthería de nuestro instrumento, trabajar nuestra fuente de energía, nuestro espacio de vibración, nuestra resonancia en expansión.

Es rudo el contraste, de este amoroso espacio bajo un gobierno tan indolente. Me hace recordar a mi nativa geografía, nublada por malignos que pasan regando discursos de odio versus la cantidad inmensa de gente que trabaja día a día por hacer lo que ama, dispuestos a ser sinergia alrededor. Quienes tienen el poder obvian con alevosía, la más maravillosa cualidad de los seres humanos: nuestra capacidad de adaptarnos. Quieren todo para ellos a toda costa, sin importar a quién tengan que avasallar, cuantos territorios tengan que saquear, a cuántos de nosotros tengan que matar, a cuántos niños y niñas más tengan que torturan. Que ganas de tener las llaves de todos los candados que encierran a los niños y niñas y puedan ir con sus familias.

Alguna vez de niña escuché historias sobre posibles futuros, sobre la polaridad en las fuerzas. La historia es sin duda una rueda sin fin, llena de ciclos y cambios de equilibrio en la balanza. Somos todos parte de ella. Pero que impotencia no tener el poder para gritarles de una vez que hay límites que como humanidad teníamos más o menos resueltos, o al menos deberíamos cuando se trata de convivir. Que la tierra es de todos, no de quién pueda pagar. Que los dogmas que nos separan debieran ya caer, que tenemos tantas oportunidades colectivamente, haciendo equipo, siendo comunidad. Veo el mundo en éstos días y agradezco al universo, a mi familia, mis amigas, amigos, maestras y maestros, a mis compañeras y compañeras del camino. Porque tener un poquito de paz, que comer y un techo es tremendo privilegio en estos días. Quizás si juntos resonamos agradeciendo, podemos compartir un poquito de nuestro bienestar a quienes han sido privados del suyo.

Al fin
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